LezamaLa parroquia de San Martín de Lezama fue siempre rica y exenta de todo patronato, mientras sobre las iglesias de los alrededores lo ejercían los descendientes de los Ayalas u otros señores de la tierra poseedores, desde el medioevo, de los solares y casas más poderosas del valle. La iglesia de Lezama estaba servida en el siglo XVI por nueve beneficiados, cinco de ración entera y cuatro de media. Estos beneficios no eran sólo nominales; en 1556 ocho de ellos -los cinco enteros y tres medios-, vivían en el lugar sirviendo personalmente a su parroquia, en los momentos en que se construía o acababa de erigirse su templo gótico tardío en sustitución del medieval, también importante a juzgar por sus restos. Ocupa el territorio de Lezama una gran área de población dispersa situada al Este de la tierra de Ayala, en una prolongación de las zonas llanas del valle desde el río Nervión hasta alcanzar las riberas del Altube. En la mitad de esta franja se encuentran el núcleo principal de Lezama y sus diez y ocho barrios, dispersos por el camino que desde Amurrio, por Larrimbe y Astóbiza, conduce a la actual venta de Urquillo en las márgenes del Altube, y en otro camino que, entre las alturas de Berganzagoitia y San Antón en Astóbiza, llega el mismo río Altube por el curso de su afluente el Berganza. Aparte de estas rutas, hoy las dos carreteras que conducen a Lezama, conocemos otros caminos olvidados hoy. El de Lezama a Arrastaria y Urcabustáiz, con vigencia aun en el siglo XVIII como "Camino de Rioja", atravesaba al Mediodía de la población, "la sierra de San Pedro de Beraza", "cuya subida -según noticias transmitidas al geógrafo Tomás López a fines del siglo XVIII-, empieza desde la iglesia del lugar y es de media legua y en su cumbre está el puerto llamado San Pedro". "En la misma sierra, a distancia de siete mil pies -sigue Tomás López- se halla otro puerto llamado de Lardoza"; transcurría el camino por una sierra "revestida de verozo y yerba y por la falda que mira al lugar, de ayas, robres, castaños, espino y verozo". "Dicha falda abunda en canteras de piedra caliza jaspe negro, buena para la construcción". También eran entonces notables, según notas enviadas al mismo geógrafo, las canteras de piedra arenisca situadas en las laderas de los altos de San Antón, en los caminos de Astóbiza, cubiertas de robles, castaños y argoma. Además de ésta riqueza forestal y de sus canteras, registraba Lezama a fines del siglo XVIII una buena producción de cereales -3.500 fanegas de trigo y 3.000 de maíz-, más frutales -peras y manzanas-, de las que "hacían mucha producción Vitoria, Orduña y Bilbao". Los cereales -trigo, cebada, centeno y avena-, los corderos y cabritos, las castañas y las manzanas, constituían, ya antes de mediar el siglo XVI, la base de los frutos decimales de la parroquia de Lezama y de la manutención de los nueve beneficiados que la servían; entonces se registraban en el pueblo siete ermitas, número explicable por la dispersión de los cien vecinos que lo habitaban en una extensa área que, como hoy, llegaba desde Barambio a Amurrio y Urcabustáiz,según se verá al describir dichas ermitas. La población de cien vecinos del siglo XVI había aumentado en el XVIII. En 1727 pasaba de ciento diez y, a fines de siglo, llegaba a ciento cincuenta y 896 habitantes, “todos nobles e infanzones”; en este número se contaban dos abogados, dos escribanos, dos curas y dos beneficiados, en lugar de los nueve que habían servido a la iglesia en siglos anteriores. La parroquia continuaba “exenta de todo patronato, cosa rara en esta tierra”. Lezama era cabeza de la 1.ª Cuadrilla de Ayala. Al mediar el siglo pasado la población había descendido: tenía entonces Lezama ciento diez y seis casas, ciento siete vecinos y 541 habitantes y, en la década de 1900, era cabeza de municipio con noventa y dos viviendas, 471 habitantes y sólo dos clérigos al servicio de su iglesia. Esta población se mantuvo con escasas variantes en las siguientes décadas del siglo; pero en el censo de 1960 se registraban 430 habitantes, en el de 1970, 340 y en el nomenclátor foral de 1983, 291. Su ayuntamiento se ha incorporado al de Amurrio, queda sólo una ermita de las siete con que contaba en el siglo XVI y su parroquia tiene una aneja: la de la Purísima Concepción de Inoso. En 1986 contaba con 255 habitantes de hecho. Entre los naturales o descendientes de Lezama destacaron algunos en su propia tierra, y otros en Indias o en la España de los Austrias. Podemos documentar a varios con el apellido Urrutia, procedentes de la torre infanzona y solariega del mismo nombre situada en Lezama y “una de las más antiguas y lustrosas del valle de Ayala”. En ella vivió a comienzos del siglo XVII, “San Juan de Urrutia”, alcalde y juez ordinario de Lezama en 1646, en cuyo mandato se erigió el puente de piedra de Axarazubiaga, con pretiles y escudales. Poco después, un descendiente de esta torre, Don Juan de Urrutia y Lezama pasaba a Méjico como muchos segundones de tierra, donde adquiría fortuna y prestigio y a donde “llamó” y condujo a su sobrino Don lucas de Careaga y Urrutia, descendiente también de la torre de Lezama aunque nacido en Bilbao, al que hizo su heredero. Don Lucas, que llegó al grado de capitán, vivía en Méjico “con el porte de crecida familia de criados” y fue investido con el hábito de Santiago en 1707. Los señores de la torre de Urrutia que siguieron viviendo en el solar infanzón de Lezama, apenas transcendieron fuera del ámbito local ni dejaron huella notable en su parroquia. No ocurrió así con otro hombre famoso natural de Lezama; el capitán Don Juan de Ugarte y Berganza, nacido en 1601 y bautizado en la parroquia de San Martín. Don juan de Ugarte había servido en “la carrera de Indias”; pero en 1638, cuando se le concedía el hábito de Santiago, se encontraba dispuesto a asentarse en Lezama, donde, aunque la casa de su apellido “estaba caída”, erigía dos hermosos palacios. Y lo hizo pese a la oposición de algunos señores de la tierra envidiosos de su poder: uno es el titulado “Palacio de Larraco”, llamado “torre” en algunos documentos, bello ejemplar de arquitectura doméstica señorial del siglo XVII; el otro, levantado en 1665, es el palacio que cierra uno de los flancos de la plaza de la parroquia, con cinco arcos en su planta baja y, en su frontis, el escudo de Ugarte y Mariaca, las dos casas nobles de las que el capitán demostró descender. La traza de este edificio llegó a Madrid, y lo edificaron Domingo y Francisco Fernández de la Espada, vecinos de la Trasmiera. El capitán Ugarte, que participó en 1642 en la guerra de Cataluña con un regimiento mantenido a su costa en servicio de Felipe IV, casó en la corte con una dama del país, Doña Antonia de Ipeñarrieta, hija de Don Miguel de Ipeñarrieta, del Consejo y Contaduría Mayor del Rey, y Doña María Ruiz de Luzuriaga y Vicuña, natural de Salvatierra. Don Juan de Ugarte sirvió también a su costa en la campaña de Fuenterrabía, “con familia de criados”, y actuó como revisor y superintendente de los concejos de las Encartaciones de Vizcaya a raíz de los ataques franceses a las costas del Cantábrico. Aparte de los dos palacios citados, el capitán Don Juan de Ugarte edificó a su costa en Lezama una ermita dedicada a San Juan contigua al palacio de Larraco, y dotó varias fundaciones piadosas en la parroquia de San Martín de Lezama. Su hija, Doña Teresa de Ugarte Ipeñarrieta, condesa de Peñaflorida, reconocía en 1690 las mandas testamentarias de su padre destinadas a fundaciones de misas, a dotes para doncellas, al sostenimiento de un maestro de escuela en Lezama y a ayudas a los necesitados del lugar; la fundación de doncellas quedaba asegurada en la renta que restase líquida de las alcabalas del valle de Zuya, que pertenecían a Don Juan de Ugarte por meced del rey Felipe IV fechada en 24 de julio de 1649, seguramente en reconocimiento de la actuación del capitán en la Guerra de Cataluña; Doña Teresa, por su parte, mandaba en su testamento otorgado en Madrid en 1693, ciertas cantidades para el mantenimiento de la lámpara de la parroquia de San Martín, más una dotación de cinco misas anuales en la ermita de San Juan. El mayorazgo del capitán Ugarte, junto con los patronatos de esta ermita y las fundaciones indicadas, pasaron a la casa torre de Mariaca en la persona de Don Juan Antonio de Mariaca y Ugarte, caballero de Santiago muerto en 1712 y enterrado en la iglesia de San Martín de Lezama. Su hermano Don José de Mariaca y Murga y su hijo Don Lope, sostuvieron pleitos y cuestiones con el cabildo eclesiástico de la parroquia, como patronos de la ermita de San Juan, sobre la celebración de misas de los domingos y días festivos en dicha ermita, hoy desaparecida. Al finalizar el siglo XVIII, otro indiano natural de Lezama, Don Domingo de Zulueta, “del comercio de Caracas”, enviaba 1.500 reales para la erección del actual retablo mayor de la parroquia, obra en la que como se indicará participaron otros naturales del lugar, residentes y enriquecidos en la corte y en otras ciudades. Lezama fue lugar importante de paso de tropas y asentamiento de fuerzas durante las guerras carlistas. En la primera contienda el vecindario de Lezama había suministrado raciones a las tropas carlistas situadas en Altube, por lo que el comandante Miguel de Cosío había impuesto a cada vecino la multa de un ducado, penalizando en su ayuda “a los rebeldes”. En 1835 se enviaban raciones de trigo y bueyes a Orduña, suministros exigidos por el jefe liberal Linage cuando las tropas de la reina ocupaban la ciudad; en años sucesivos continuaron los pagos de raciones y reses a uno y otro bando, los servicios de conducción de heridos y bagajes y las pérdidas de cosechas, segadas a veces por las tropas. Al comenzar la segunda guerra civil, cuando el Norte de Álava era casi enteramente carlista y se situaban en sus puntos céntricos los órganos directivos del movimiento, Lezama fue lugar de aprovisionamiento y punto estratégico en las comunicaciones del Nervión con Urcabustáiz y los montes de Altube. Documentamos en 1872 fuertes entregas de raciones a los jefes carlistas “Cuevillas” y “Don Celedonio Iturralde”, en ese mismo año pagaba el concejo guardias y estancias en el barrio de Videco, como “punto céntrico” para “dar frente a todos los asuntos y acontecimientos que tendrían lugar, despachando peones y dirigiendo las comunicaciones y partes”. En 1874 Lezama proporcionaba raciones al séptimo batallón de Guipúzcoa asentado en Barambio, entregaba suministros a las tropas carlistas de Llodio, y enviaba diez camas al hospital de Areta en Llodio y cuatro al de Barambio. En el mismo año alojaba Lezama a las fuerzas carlistas del comandante Don Manuel de Pinedo y realizaba servicios de bagajes a las minas, fundición y fábrica de cartuchos de Altube. De Lezama, como nudo de comunicaciones con las tierras del Norte de Álava y montañas de Vizcaya a través de los caminos de Urcabustáiz, se enviaban, por último, raciones a los acontecimientos carlistas de Unzá, Belunza, Murguía, Cigoitia, Villareal y Ubidea. Y, seguramente por su situación, tuvo Lezama, en Larraco, uno de los cinco almacenes carlistas de víveres y pertrechos establecidos en Alava por Don Rodrigo Ignacio de Varona, depósito que estuvo al mando de Guillermo Basterra y que surtió a las comarcas próximas adheridas al carlismo. |
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